Cómo saber lo que quieres realmente: empieza por escucharte

Muchas veces, la dificultad de confiar en nosotros y seguirnos, no es que no queramos, es que no sabemos lo que queremos y, si lo intuimos, aparece un montón de razones que hacen que no nos parezca una buena idea.

Es como si ese “lo que quiero” no tuviera suficiente “potencia” para superar todo lo demás.

Pero ese “superar lo demás” no tiene por qué ser a base de fuerza, o de imposición de unas de tus ideas sobre otras. Las cosas se van por sí solas, si les damos el espacio para expresarse y escuchamos el mensaje que tienen para nosotros.

Y luego, sí, hace falta un poco de valor para dar el paso, pero con mucha menos tensión que lo que parecía al principio.

Empieza por saber qué sientes

Por ahora, no hagas nada. No es necesario que decidas desde el inicio, sólo que empieces a escuchar.

Deja por un momento las razones, los pensamientos, lo que puede pasar o no pasar, lo que piensa la otra persona, lo que quieren de ti en el trabajo. Déjalo todo unos minutos (ya te he dicho que no tienes que decidir nada ahora, tranquilo/a 🙂 ) y haz sólo esto: colócate en el centro de la situación y permítete sentir. Sólo sentir.

Puede que sea una situación actual o un proyecto que estás creando. Lo que sea que te interese está bien. Se puede aplicar a proyectos, relaciones, situaciones… a lo que quieras. Nosotros lo vamos a enfocar a lo que quieres crear, a tu sueño, pero úsalo para lo que te interese. Sitúate ahí y ábrete a sentir.

Lo primero que puedes observar es si te sientes bien o mal.

No hace falta que identifiques qué sientes, qué emociones, por qué… no hace falta nada de eso, sólo si te sientes bien, si te da alegría, paz, o si, por el contrario, te produce incomodidad. Si se te “abre el corazón” o se cierra. Si te expandes o te contraes. Si hay miedo, déjalo estar.

Cuando no te sientes del todo bien con tu idea, hay algo que no encaja con quien eres o con lo que quieres.

No importa si tiene sentido o no, sólo lo que sientes.

No importa si es lo que crees que debes hacer. Sólo lo que sientes.

Ese sentimiento es el que te dice que, o bien no es por ahí, o bien aún tienes cosas que solucionar antes de dar el paso.

Una vez me dijeron: “has hecho las cosas con el corazón, pero un corazón herido, así que las decisiones no fueron del todo limpias”.

Hay veces que, lo que quieres, no es lo que crees que quieres, porque tu interior tiene otras prioridades.

“Todo lo que está pasando es la preparación para lo que has pedido”

Da los pasos uno a uno. Confía en lo que sientes.

Si estás siguiendo un proyecto y otros te dicen cuál es la forma de seguirlo, que haciendo esto o aquéllo es “como se consigue” y te sientes bien con ello, genial. Pero si no es así, hazte caso a ti. No quiere decir que no “tengan razón” o que sus técnicas no sean útiles. Sólo quiere decir que no resuena contigo en este momento. Quizá quieras intentar cosas nuevas, probar lo que a otros les está funcionando. Si es así, ¡adelante!, pero obsérvate a ti por el camino. Si algo dentro de ti te dice que por ahí no, hazte caso.

Lo que sientes, ¿es con todo o con una parte?

Si te sientes bien con la situación, si te ilusiona, te entusiasma, perfecto.

Si no es del todo así, esa sensación que tienes, aunque ahora no sepas cómo definirla, ¿es con todo o con una parte?

Quizá sí te guste la idea, pero no acabes de encajar el “cómo”. O quizá el como te guste pero no acabas de encontrar el contenido.

Si es sólo una parte, entonces puede que la idea vaya por ahí, sólo que variando algunos aspectos.

Voy a ponerte algunos ejemplos, para que veas a qué me refiero:

Me decían que era poco sociable

A lo largo de mi vida, algunas personas me han dicho que soy poco sociable (qué buena imagen estoy dando de mí misma, jeje) y yo me lo creí.

Hacía lo posible por ser más “abierta” y me forzaba a hablar con la gente, aunque no tuviera nada de qué hablar, sobre todo en esas reuniones sociales o de negocios. Quizá no me lo dijeron más que un par de veces, pero a mí se me quedó grabado, así que yo misma lo repetía e, incluso, consultaba a mis amigos o les hacía ver que “esta vez he sido sociable”.

Bueno… ¿qué se supone exactamente que es ser “sociable”? Y no me refiero a la definición de diccionario, sino a lo que entendemos culturalmente… ¿hablar con todos? ¿ser abierta? ¿no quedarme en un rincón?… ¿y si resulta que lo que a mí me gusta es observar, escuchar y sentir el ambiente? Las conversaciones informales tienen su utilidad, también: romper el hielo, que la otra persona sepa que se puede sentir cómoda (o no, según encajéis), pero a mí no me sale hacerlas de manera forzada. Hay algo que me conecta con la persona. A veces, sólo una mirada o estar al lado de ella es suficiente para sentir el contacto, la conexión.

Resultó que mi incomodidad no se debía a no tener las “habilidades sociales necesarias”, sino a mi forma de ver y sentir el mundo. Habilidades necesarias… ¿para qué? ¿para hacer lo que se supone que debo hacer o como los demás creen que debo hacerlo?… ¿y si lo que quiero hacer es otra cosa o enfocarlo de otra manera?

Es cierto. Podía haber algún grado de inseguridad, de miedo a la relación, a exponerme. Ambas cosas mezcladas. Sólo tenía que hacer una cosa: abrirme a esa posibilidad, a reconocer si había algo de mí que no aceptaba y por eso no me gustaba exponerme, pero sin forzarme a hacer cosas que no siento.

Pero ser tranquila, observadora, ausente a veces, tiene un sentido. Hay algo realmente importante en ello, en mi forma de percibir, que hace única a la persona que soy. Simplemente, mis vías son otras, y cuando acepté esto y me puse a escuchar cuáles eran esas vías, encontré una gran paz y esa sensación de “vuelta a casa”.

No sé cuántas listas de trucos he leído ya

Me encantan los bosques y el mar, y también la tecnología, sobre todo internet (no en vano soy ingeniera de teleko 😉 ).

El mundo online ha evolucionado tremendamente desde que lo conocí, allá por el 93. Ahora la red está llena de consejos, guías, trucos, todos diciéndote cómo puedes llegar más a todos los potenciales usuarios. Al final, mirado así, lo único que veo es un montón de gente lanzando anzuelos y más anzuelos, a ver si alguien le hace caso.

No digo que todo esto esté mal (mal para mí, claro). Yo también uso las redes sociales, publico mis entradas del blog en todos los perfiles y sigo algunos de estos consejos. Pero ahora ya, sólo los que realmente resuenan conmigo.

Yo también he sentido ese tirón y me he lanzado a hacer cosas, probar técnicas, publicar por todas partes. ¿Sabes lo que he sentido? ansiedad. Por ver los resultados, por saber cuánta gente hacía click, por mirar cada minuto lo que estaba pasando, lo que funcionaba y lo que no.

¿Son útiles las estadísticas? Sí, sin duda. Lo son para saber qué contenidos son más relevantes o están siendo útiles. Lo son para mejorar tu comunicación en un medio que no es natural, donde no ves la cara de tu interlocutor al leer lo que has escrito. Y lo son para seguir creando buenos contenidos. Eso es lo esencial.

Y, ¿de dónde vienen los buenos contenidos? De ti. De hacer lo que sientes y contarlo. Hay algunas pautas interesantes para hacerlo, y la más fácil de seguir es: ¿qué te llega a ti? No sólo qué te atrae en un inicio, sino qué te atrae y hace que te quedes. ¿Qué buscas tú, que te enganchen y luego ver que no era para tanto o encontrar gente con quien realmente resuenes y te ayude en tu camino? Si tú te sientes engañado/a, decepcionado/a, si ves mucho “bombo y platillo” para luego nada real, ¿no crees que a otros les pasará lo mismo cuando tú lo hagas?

Cuando alguno de estos “trucos” no me convence, vuelvo a preguntarme qué quiero ofrecer y cómo. Si no es mi modo, no significa que no se pueda, sólo significa que habrá otra forma que vaya más conmigo.

Y “curiosamente”, cada vez que decido algo así, me encuentro con alguien “casualmente” que me muestra que siente como yo, que se puede hacer lo que quieres, como quieres, honestamente y basado en los contenidos. Que ahí está lo importante.

Al final, Internet no es más que un reflejo virtual de la vida. “Lo que importa realmente son los contenidos”, traducido a tu sueño es “lo que importa realmente eres tú y lo que tienes para ofrecer”.

Ni todo está mal ni todo está bien

No tomes nada de esto al pie de la letra. Son sólo ejemplos, experiencias. No significa que todo esto esté mal, o bien.

El objetivo de este artículo es que empieces a distinguir el grano de la paja. Que te fíes de que lo que sientes te está diciendo algo, aunque al principio no sepas qué te dice.

Que si te encuentras en alguna situación donde no sabes qué decidir, donde hay demasiados parámetros, razones o condicionantes, sepas que todo eso no es más que ruido. Empieza por darte cuenta de eso. Ya irás descubriendo poco a poco y entrenando. Cada vez será más fácil.

La experiencia de los demás sirve para una cosa: para ver lo que resuena contigo y lo que no. Resonar es mover, hacer vibrar por coherencia con otra frecuencia. A veces nos cuesta encontrar lo que sentimos, así que recurrimos a otros para que nos hagan de espejo.

Pero recuerda que es sólo una herramienta, un instrumento (no la persona, sino la acción de consultar), como con un instrumento musical, para ver si lo que emites y te devuelve, hace que se mueva algo. Luego, observa lo que se mueve en ti y haz caso a ello, no al otro.

Así que, de todo esto que he escrito, de estas casi 2.000 palabras, quédate con lo que te resuene. No sigas mi consejo, o mis ejemplos, mira si ha movido algo y qué ha sido. Ese es el mensaje importante, no el que te lo estoy dando yo, sino el que te estás dando tú. No todos resonamos con lo mismo. ¿Algo te ha tocado? Si es así, escúchalo.